11/9/10

Los informes secretos - Carlos Montemayor


La muerte de un autor marca un hito en el transcurso; no habrá mas obra con ciertas características muy peculiares. Es interesante la reflexión sobre lo que una obra es y el concepto de autor y autoría, sobre la pertenencia de la obra. Reflexión que sobrepasa este medio y los fines de éste. Para no adentrar en honduras, sólo mencionaré que perdimos a uno de los más grandes seres humanos creadores; sumergido en la música, en particular por el camino del canto, narrador, poeta, traductor (del griego y latín, entre otros, que le servía de fuente para la creación poética), ensayista, investigador, historiador, difusor-promotor de las lenguas nativas, enfocó su reflexión en los movimientos sociales y en la respuesta represiva del Estado. Nada más. Así… hemos perdido a un grande.

Motivación suficiente para revisar una de sus novelas. Los informes secretos.

Novela situada en su tiempo, tanto en tema como en forma. Una forma difícil por el riesgo que asume el autor; experimento de amplio espectro, una novela que es una serie de reportes de un agente del servicio de seguridad interna. El agente tiene una misión que se va deshebrando con el transcurso narrativo, tensiones difíciles de sostener, tensiones que se suceden una tras otra o/y transponiéndose una sobre otra, resistencia y maestría del manejo de información, los tensores están ahí, en el manejo de la información clandestina, robada, ajena y cercana al mismo tiempo, el objetivo es uno y somos todos, multiplicidad en las lecturas, en las posturas y en las perspectivas. Una historia de los movimientos clandestinos en México. Trotsky, Siqueiros, Revueltas, la KGB. Juego de mostrar y ocultar, un juego de reflejos y reflexiones.

La fuerza de este trabajo reside en la totalidad del complejo entramado del contenido, si intentamos asirlo por alguna de las puntas del hilo oscuro con que está tejida podemos perder mucho más que si la observamos en su totalidad. Un trabajo maduro donde el autor se permite explorar los extremos de la novela, los extremos de la historia nacional, las lindes de la individualidad, de la intimidad, de la libertad, de la legalidad. Trama que multiplica los distintos intereses y motivaciones por distintas rutas. El agente en cuestión se permite hacer propuestas dar opiniones personales, suponer sobre cómo logar un mejor trabajo dentro de una estructura rígida y represiva por definición. La policía secreta, instrumento represivo del Estado desde el nacimiento del mismo, expone sus limitaciones y alcances, sus errores y aciertos como si se tratara de un gerente bancario. Una radiografía de las tensiones sociales en un período que cubre decenas de años.

En gran parte, el país es el país que es fundamentalmente por las tensiones dibujadas, seccionadas y diseccionadas en esta obra, multiplicadas, cierto. Grande, en su minuciosidad, en su universalidad y actualidad. Es de notar que la crítica en el país pierda de vista los fundamentos. Esta obra permanecerá en la obligatoriedad de los anales futuros, ajenos a las limitaciones de visión por parte de la crítica y la fugacidad del periodismo.

13/6/09


Editado por Alfaguara en 2006. Una muestra más de la maestría narrativa de Vargas Llosa, novela de estructura y tono decimonónico que alcanza un nivel estético cercano al genio y que ubica al autor en un justo sitio del arte: se coloca a sí mismo a la altura de su estética.

Con una línea temporal progresiva, alejada de su estilo por necesidades estéticas (sin esa estructura sería inverosímil el periplo amoroso durante cuarenta años por todo el mundo), esta grandiosa manera de contar logra que pasemos por alto lo que en otro sería imperdonable.

La historia cuestiona las diferentes maneras de satisfacer las necesidades de los personajes principales; Ricardito narrador, un buenazo cobarde sin mayores pretensiones que vivir en Paris y cogerse a una paisana inaprensible y taimada; Otilia niña mala, la arribista que es capaz de pasar sobre todo el mundo para alcanzar la felicidad que da la riqueza, pero su avidez provinciana y resentimiento miserable la hace pagar siempre huyendo de tragedia en tragedia, lo que quiere decir que siempre, después de cada correría por el jet set internacional (Francia, Inglaterra, Japón, Cuba), termina en los brazos del pequeñoburgués humillado. Un par de personajes que invitan a honduras temibles y a alturas olímpicas se quedan en un maniqueísmo melodramático y repetitivo. El autor se justifica dignamente lanzando una velada y escueta referencia antilacaniana.

Así, la reflexión principal, se circunscribe a un estético vaivén deseo-repulsión. Salpicada por burdas, pretenciosas y superficiales críticas socio-político-económico-literarias. Y una que otra escena seudoerótica.

Otra desilusión es la imagen que utiliza el autor como chapa de este hermoso baúl retro. La imagen del mago que habla con el mar, que doma al indomable, del buda de barriada, se pierde en la descripción barroca del diálogo bilioso de la miseria desdentada, ¡caray, qué forma de despreciar la grandeza! Más aún, inconforme el autor con aplanar la topografía simbólica universal, en las lineas finales pasa a mancillar la catedral del cementerio marino.

Nada de esto hace tropezar al vertiginoso ritmo, nada oscurece el chispeante manejo verbal, tampoco pierde nunca intensidad la narración, esto sólo lo logra un maestro. Con esta novela el autor se sitúa a sí mismo en un nicho más del retablo barroco que es al altar de su majestuosa obra. Se justifica el peruanito que siempre soñó con escribir en Londres, Madrid y Paris por verse obligado a actuar como niña mala para lograrlo y haber tenido la visión y los cojones para hacerlo. El autor mismo es el mejor personaje de su obra y desde ahí puede decir y hacer lo que quiera mientras siga creando narrativas de este nivel.